Un estadio Olímpico rendido de pie, saltando, aplaudiendo largo, desgarrándose la garganta de tanto gritar el nombre del checo Pavel Nedved a su paso por las tribunas en la vuelta de despedida, el pasado 31 de mayo en su partido 327 como “bianconero”. Nada más emotivo, Del Piero le puso la cinta de capitán en ese, su último encuentro oficial. El arco le dijo que no en dos ocasiones, pero Pavel tuvo que dejar su huella indeleble en esa despedida: un pase fantasma para que se hiciera famoso Iaquinta con un doblete ante la Lazio, donde también militó el checo. Quedamos segundos en la Serie “A” con un mal sabor, pues a nadie le gusta ser subcampeón, y a los de Turín, menos ante el Inter. Pero nos queda la próxima Champions League y el siguiente Scudetto. Estamos firmes en el arco con Gigi Buffon, “la mano que salva”, esperamos el retorno del cancerbero Cannavaro y la genialidad de Diego en salida. Sin embargo, vemos con nostalgia a la “orejona”, la coppa più bella brillando en su urna, y al borde de la cancha al impecable Trapattoni en 1985, aplaudiendo la salida de los campeones de Europa encabezados por un Platini suelto de sonrisas, flaco y gambeteador… Los tifosi despliegan una gigantesca banderola en occidente, y mientras crece como un mar sobre la tribuna, surgen de cuerpo entero Vialli y Ravanelli, en tanto un mozuelo Del Piero en 1996 parece asustadizo posando junto a Zidane, en ese año en que ganaron la Liga de Campeones, la Copa Intercontinental y la Supercopa Europea... Todavía, y por siempre, con la armadura de las mil batallas encima, Pavel ha declarado camino a los vestuarios (la traducción es mía): “Ésta ha sido una fecha dificilísima para mí, pero al mismo tiempo estupenda. He sentido el afecto de toda la hinchada y de mis compañeros, demostraciones que este año hemos hecho grandes cosas. No me esperaba esta celebración, me siento absolutamente feliz de haber jugado en un equipo con una hinchada como ésta. El día de hoy he terminado de correr, mi número once se lo dejo a Amauri, estoy muy contento por ello y a él también lo ha hecho feliz. A partir de mañana podré dedicarme a mi familia, que me ha esperado por tantos años”. Adios, mi amado Cabeza-de-choza, anda y cumple tu destino. Y ahora que hasta tú me dejas, los bartleby sabrán también buscar el suyo: inventarse jugadas para una diagonal que hasta el fin de los tiempos extrañará tu presencia.
Vergatov.
